Chicho
23-may-2007, 15:08
Bueno, aca les dejo mi 2º cuento... El otro fue "El Soldado" se acuerdan??jaja
La venganza:
Sentado sobre una roca incomoda. Fumo mi pipa, observándolo. Estoy oculto en las tinieblas de la noche, siento como el odio me invade más y más. Esta sentado al igual que yo, como si esperara a alguien. Su calva cabeza, su ojo de vidrio y sus múltiples cicatrices hacen juego con su interior.
Cada vez que lo veo me vuelve a mí la misma imagen: Él cogiendo del cuello a mi hermano, y en su mano una espada, que lo atravesaba. Y yo, impotente ante lo sucedido, atado a una silla y las cuerdas en mis muñecas me apretaban. Las últimas palabras de mi hermano: “Ayuda”.
Ahora, un año después lo tengo enfrente, sentado. Me paro, y me voy hacia él y sin más le entrego una daga y con otra me quedo yo. Él atónito ante la situación, con solo mirarme me recuerda. Sonríe levemente y se para. Alrededor nuestro es pura soledad.
-Una sola cosa te pido, antes que nos trencemos en esta lucha. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace un año.
Sin respuesta, corta mi cara. Dejando correr la sangre por mi cara, no dejo de mirarlo fijamente. Lanza un golpe y lo esquivo. Queda de espaldas a mí y lo tomo del cuello y poniéndole la daga en la nuez de Adán le digo:
-Un hombre de tantas peleas, ¿muerto así de fácil? ¡Qué contradicción!
Y sin otro motivo, mi daga le marca en el cuello una raya roja. Ahora soy nadie. No tengo destino sobre la tierra y he matado a un hombre.
La venganza:
Sentado sobre una roca incomoda. Fumo mi pipa, observándolo. Estoy oculto en las tinieblas de la noche, siento como el odio me invade más y más. Esta sentado al igual que yo, como si esperara a alguien. Su calva cabeza, su ojo de vidrio y sus múltiples cicatrices hacen juego con su interior.
Cada vez que lo veo me vuelve a mí la misma imagen: Él cogiendo del cuello a mi hermano, y en su mano una espada, que lo atravesaba. Y yo, impotente ante lo sucedido, atado a una silla y las cuerdas en mis muñecas me apretaban. Las últimas palabras de mi hermano: “Ayuda”.
Ahora, un año después lo tengo enfrente, sentado. Me paro, y me voy hacia él y sin más le entrego una daga y con otra me quedo yo. Él atónito ante la situación, con solo mirarme me recuerda. Sonríe levemente y se para. Alrededor nuestro es pura soledad.
-Una sola cosa te pido, antes que nos trencemos en esta lucha. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace un año.
Sin respuesta, corta mi cara. Dejando correr la sangre por mi cara, no dejo de mirarlo fijamente. Lanza un golpe y lo esquivo. Queda de espaldas a mí y lo tomo del cuello y poniéndole la daga en la nuez de Adán le digo:
-Un hombre de tantas peleas, ¿muerto así de fácil? ¡Qué contradicción!
Y sin otro motivo, mi daga le marca en el cuello una raya roja. Ahora soy nadie. No tengo destino sobre la tierra y he matado a un hombre.