tibirix
30-sep-2006, 13:24
http://www.anti-barcelona.com/noticias/280906.jpg
Hace dos semanas Carles Puyol marcó el primer gol de su carrera en la Liga de Campeones, acontecimiento que fue muy celebrado por sus compañeros: "ójala meta muchos más" era el comentario más socorrido tras el partido cada vez que a un miembro de la plantilla culé le ponían un micrófono en la boca. Como bien reza el dicho, hay que tener cuidado con lo que se desea porque puede convertirse en realidad. Anoche, en el Wieserstadion de Bremen, Puyol volvió a repetir la gesta... en su propia portería. El tanto que a media hora del final adelantaba al Werder Bremen hacía justicia no sólo a lo visto durante el partido sino a lo que llevamos presenciando durante toda la temporada. Ya pueden los periodistas saturarnos con mensajes sobre el superequipo campeonísimo que la realidad no se le escapa a nadie con dos dedos de frente y una pizca de juicio: el Barcelona es un equipo capaz de ganar a adversarios claramente inferiores (al Celta con clamorosas ayudas arbitrales, a un Osasuna que no es ni la sombra de lo que fue con Aguirre, al Racing no sin apuros y a una panda de amigos búlgaros que responde al nombre de Levski de Sofía y que ayer ofreció otra muestra de su entidad al encajar un hat-trick de Drogba en su propio estadio y celebrar su único tanto al Chelsea como si hubiera ganado la Champions) pero tiene serios problemas cuando se enfrenta a equipos de cierto potencial tal y como han puesto en evidencia el Valencia en Liga o el Sevilla en la Supercopa de Europa. Es decir, que el Barcelona no pasa de ser un equipo del montón que gana lo fácil y se atranca ante lo complicado, como todos. Y eso es así por mucho que se disfrace de la Holanda de 1974 con una segunda equipación naranja; quizás peor, porque más que a la "Naranja Mecánica" a lo que recuerda es a una bombona de butano hinchada. Por la prensa, claro. Y solidaria.
Lo de ayer no fue la excepción y el Barça volvió a mostrar sus miserias ante un compromiso importante por los tres puntos en liza, que no por la calidad del rival. Pese a ello, el equipo catalán fue aplastado por la apisonadora alemana que hizo méritos sobrados para ganar por goleada. Parte de ese mérito hay que otorgárselo a Rijkaard, que les puso las cosas muy fáciles al poner en acción sus maniáticas rotaciones. Oleguer por la derecha de la defensa se convirtió en el felpudo donde Borowski y Hunt se limpiaban las botas para no manchar el área de Valdés, mientras que Motta hacía un papel similar en el centro del campo para el brasileño Diego. Este quita-pon de jugadores sin pies ni cabeza hace sospechar cada vez más que las tan cacareadas rotaciones parecen más destinadas a tener contentos a todos los miembros de la plantilla y evitar conflictos en el vestuario que a dar descanso a los jugadores para mejorar su rendimiento. El que no necesita que le roten para descansar es Ronaldinho; ya descansa durante los partidos. A este paso correrá el riesgo de convertirse en el primer jugador denunciado por absentismo laboral. Sólo una acción aislada de la ardilla loca de Messi rompió la tranquilidad que se respiraba en el área local, y fue a la segunda que consiguió el gol tras la asistencia de Deco a pocos minutos del final evitando lo que hubiera sido una auténtica debacle. Que el Barcelona tenga que dar gracias a todo el santoral por haber empatado in extremis con un equipo que llevaba cinco partidos consecutivos sin conocer la victoria lo dice todo.
Para colmo de males Samuel Eto'o sufrió una ruptura de menisco externo de la rodilla derecha que le mantendrá alejado de los terrenos de juego entre dos y tres meses. Mala noticia para el jugador -aunque siempre puede aprovechar el tiempo de su convalecencia para aprender catalán- y pésima para el equipo, que pierde en un momento clave de la temporada a quién en no pocas ocasiones ha desviado la atención sobre el incapaz juego del equipo gracias a sus oportunos goles. Y es que no sólo se va a perder el inminente clásico en el Bernabéu ante un Madrid que sigue siendo una incógnita pero cuyo juego mejora partido tras partido, sino también el encuentro frente al Sevilla, que ya ha demostrado haberle cogido la medida, y los dos de Champions frente al Chelsea de Mourinho, que ya le saca dos puntos al Barça, y cuyas ganas hacia el antipático club catalán son de sobra conocidas.
Hace dos semanas Carles Puyol marcó el primer gol de su carrera en la Liga de Campeones, acontecimiento que fue muy celebrado por sus compañeros: "ójala meta muchos más" era el comentario más socorrido tras el partido cada vez que a un miembro de la plantilla culé le ponían un micrófono en la boca. Como bien reza el dicho, hay que tener cuidado con lo que se desea porque puede convertirse en realidad. Anoche, en el Wieserstadion de Bremen, Puyol volvió a repetir la gesta... en su propia portería. El tanto que a media hora del final adelantaba al Werder Bremen hacía justicia no sólo a lo visto durante el partido sino a lo que llevamos presenciando durante toda la temporada. Ya pueden los periodistas saturarnos con mensajes sobre el superequipo campeonísimo que la realidad no se le escapa a nadie con dos dedos de frente y una pizca de juicio: el Barcelona es un equipo capaz de ganar a adversarios claramente inferiores (al Celta con clamorosas ayudas arbitrales, a un Osasuna que no es ni la sombra de lo que fue con Aguirre, al Racing no sin apuros y a una panda de amigos búlgaros que responde al nombre de Levski de Sofía y que ayer ofreció otra muestra de su entidad al encajar un hat-trick de Drogba en su propio estadio y celebrar su único tanto al Chelsea como si hubiera ganado la Champions) pero tiene serios problemas cuando se enfrenta a equipos de cierto potencial tal y como han puesto en evidencia el Valencia en Liga o el Sevilla en la Supercopa de Europa. Es decir, que el Barcelona no pasa de ser un equipo del montón que gana lo fácil y se atranca ante lo complicado, como todos. Y eso es así por mucho que se disfrace de la Holanda de 1974 con una segunda equipación naranja; quizás peor, porque más que a la "Naranja Mecánica" a lo que recuerda es a una bombona de butano hinchada. Por la prensa, claro. Y solidaria.
Lo de ayer no fue la excepción y el Barça volvió a mostrar sus miserias ante un compromiso importante por los tres puntos en liza, que no por la calidad del rival. Pese a ello, el equipo catalán fue aplastado por la apisonadora alemana que hizo méritos sobrados para ganar por goleada. Parte de ese mérito hay que otorgárselo a Rijkaard, que les puso las cosas muy fáciles al poner en acción sus maniáticas rotaciones. Oleguer por la derecha de la defensa se convirtió en el felpudo donde Borowski y Hunt se limpiaban las botas para no manchar el área de Valdés, mientras que Motta hacía un papel similar en el centro del campo para el brasileño Diego. Este quita-pon de jugadores sin pies ni cabeza hace sospechar cada vez más que las tan cacareadas rotaciones parecen más destinadas a tener contentos a todos los miembros de la plantilla y evitar conflictos en el vestuario que a dar descanso a los jugadores para mejorar su rendimiento. El que no necesita que le roten para descansar es Ronaldinho; ya descansa durante los partidos. A este paso correrá el riesgo de convertirse en el primer jugador denunciado por absentismo laboral. Sólo una acción aislada de la ardilla loca de Messi rompió la tranquilidad que se respiraba en el área local, y fue a la segunda que consiguió el gol tras la asistencia de Deco a pocos minutos del final evitando lo que hubiera sido una auténtica debacle. Que el Barcelona tenga que dar gracias a todo el santoral por haber empatado in extremis con un equipo que llevaba cinco partidos consecutivos sin conocer la victoria lo dice todo.
Para colmo de males Samuel Eto'o sufrió una ruptura de menisco externo de la rodilla derecha que le mantendrá alejado de los terrenos de juego entre dos y tres meses. Mala noticia para el jugador -aunque siempre puede aprovechar el tiempo de su convalecencia para aprender catalán- y pésima para el equipo, que pierde en un momento clave de la temporada a quién en no pocas ocasiones ha desviado la atención sobre el incapaz juego del equipo gracias a sus oportunos goles. Y es que no sólo se va a perder el inminente clásico en el Bernabéu ante un Madrid que sigue siendo una incógnita pero cuyo juego mejora partido tras partido, sino también el encuentro frente al Sevilla, que ya ha demostrado haberle cogido la medida, y los dos de Champions frente al Chelsea de Mourinho, que ya le saca dos puntos al Barça, y cuyas ganas hacia el antipático club catalán son de sobra conocidas.